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El Casino Jerezano fue fundado en
1850, fecha un tanto tardía en comparación con el arraigo
que este tipo de sociedades ya tenía en España. Este
retraso, según los estudiosos del tema, no es impedimento
para que de inmediato se convierta en el principal referente
de sociabilidad formal jerezana, asumiendo desde sus
inicios la representación y la defensa de los intereses
de nuestra ciudad. Y lo hizo organizando numerosas actividades,
abriendo el espectro de los socios e integrándose con
holgura en la vida del municipio. El Casino Jerezano
llegó a gozar de tanta popularidad y fama que, incluso
algunas publicaciones de la época, lo reconocen como
el principal casino de la ciudad y la institución que
proporciona vida a la sociedad jerezana con su propia
vida.
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Se conocen algunos detalles sobre su fundación y sus orígenes
que lo vinculan a un grupo de amigos dispuestos a disfrutar
de las diversiones de la época sin renunciar a un cierto
nivel de distinción. Su primera ubicación estuvo en
una casa arrendada a Juan García Loanis en la calle
Larga 40, local que fue adquirido en propiedad
años más tarde y que acabará siendo su sede definitiva.
Debido al crecimiento de sus actividades, en 1856, se
consideró conveniente su traslado a la Casa del Marqués
de Montana, una de las joyas del Barroco civil andaluz,
sita en la alameda Cristina. De nuevo en 1863, la sede
de nuestro Casino es trasladada a la calle Larga 50,
aunque las obras emprendidas retrasan el asentamiento
definitivo hasta años después. Finalmente en 1898 vuelve
a su primera sede el la calle Larga 40. Respecto
a los reglamentos de constitución existen seis copias
fechadas en 1851, 1861, 1875, 1888, 1898 y 1901, aparte
de los contemporáneos. A través de ellos se observa
su carácter apolítico - todas la ideas tienen allí cabida
- y su afán expansivo que acoge a todos sin distinción
de
clases. Eso sí, contando como requisito imprescindible
la buena conducta demostrada por el socio. Con el paso
de los años los reglamentos van estableciendo aspectos
variables y desaparece el propósito primigenio de apoliticismo.
Se establecen también requisitos de entrada para los
socios. La edad mínima es de 20 años y se prohíbe expresamente
la presencia de niños y menores de 20 años, aún estando
acompañado por socios. Respecto al gobierno interno
se establecen, del mismo modo, novedades y cambios referentes
al aspecto económico.
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Los cálculos más antiguos
que se conocen, referentes al traslado del
Casino en 1863, hacen referencia a 450 socios,
10 ausentes y 30 transeúntes. Al año siguiente
el número de socios era de 464. Pero la
única lista que existe data de 1921 e incluye
las profesiones y una catalogación moderna
de socios que reúne a 488 propietarios y
a 114 miembros numerarios. De estos datos
se extrae también la idea de que la estructura
del Casino es de la época moderna,
de que su espíritu es totalmente democrático,
su ambiente: cultural y amable y de que
tienen cabida todas la clases sociales que
deben alguna holgura al esfuerzo de su inteligencia
o de su trabajo.
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Desde entonces hasta ahora, la labor
del Casino Jerezano sigue paralela a la vida de sus
socios. Sus inquietudes culturales, su tiempo de ocio
y tertulias, el surgimiento de nuevos horizontes y la
integración de socios jóvenes hacen que nuestra institución
sea algo vivo, una entidad en constante transformación
y adaptación a los tiempos modernos, que como el buen
vino de la tierra, no puede olvidar el peso de su solera.
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